Lo cierto es que nunca lo he comprobado: no me excita olerme mis propias axilas tal y como hacía Kevin Kline en Un pez llamado Wanda. Ni tampoco soy como el tipo que trincaron en Singapur, condenado a 14 años de cárcel y 18 latigazos por un tribunal de Justicia por olisquearle las axilas a las mujeres en la vía pública. Pero, al parecer, nuestra axila izquierda desprende un olor más intenso que nuestra axila derecha, simpre que las sometamos al mismo nivel de higiene (o a una higiene nula).

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